Después de unos años en el que muchas empresas capaban el acceso a redes sociales desde los puestos de trabajo y después de múltiples estudios que avisaban de lo contraproducente de este hecho, actualmente se está viviendo una progresiva liberación de estas restricciones. Las empresas ya no tienen miedo a las redes sociales e incluso algunas promulgan entre sus trabajadores el tener una “vida profesional online”. Y no porque las empresas hayan dejado de pensar en sus resultados y desinteresadamente hayan cedido horas de trabajo para el disfrute del personal, todo lo contrario. Las empresas ven un valor añadido en los empleados que usan estas redes sociales para comunicarse con compañeros, clientes o gurús, para resolver dudas, para aumentar conocimiento, para estar a la última. En resumen, para aumentar su productividad a corto y largo plazo.
Evidentemente, si la empresa permite el acceso a estos servicios es porque confía en los empleados. Ahí entra nuestra responsabilidad, profesionalidad y compromiso con la empresa para darle un buen uso y no dedicar más tiempo del necesario a estas tareas, teniendo siempre en mente el aumento de productividad, aunque ésta se produzca indirectamente por tomarnos 5 ó 10 minutos de descanso que harán que rindamos mejor durante las próximas horas. Esta madurez en el uso de redes sociales no se adquiere de un día para otro, hay que conocerlas muy bien para saber sacarles jugo y evitar caer en trampas de procrastinación. Por esto es por lo que sería recomendable una formación interna, propulsada por las empresas, en redes sociales o, por lo menos, un manual de buenas prácticas.
Una vez que los trabajadores saben cómo funcionan, los pros y los contras de estos servicios, el siguiente paso sería crear una política de uso redes sociales en el trabajo. Porque aunque las intervenciones en redes sociales en horas de trabajo son personales y no corporativas (para eso ya existen los canales propios de la empresa, ya sea en redes sociales o no), en ese momento hablamos como empleado y no como individuo independiente. Podría haber comentarios que dañasen la imagen y reputación de la empresa o que simplemente desvelasen información confidencial. Por eso, además de andar con pies de plomo al hacer comentarios públicos, debería existir una política empresarial al respecto para correr menos riesgos.
Al hilo de todo esto, se puede leer en muchos blogs que es recomendable tener cuentas personales y profesionales separadas para marcar claramente una línea divisoria entre estos dos aspectos. Yo no estoy de acuerdo en esto, es más, considero que puede ser contraproducente ya que se pierde el enfoque de cercanía, uno de los puntos clave. No es lo mismo que te hable una impersonal y poco identificable cuenta corporativa que te hable un más humano y cercano trabajador.
Todo esto se convierte en algo mucho más importante cuando hablamos de una empresa como la nuestra, Consultec, enfocada a las nuevas tecnologías y al I+D+i en este ramo.
Para finalizar, os dejo una lista de las redes sociales más usadas con unos pequeños comentarios acerca de su compatibilidad con el trabajo:
LinkedIn: La red profesional por excelencia. Todavía le queda avanzar y mejorar en la comunicación entre usuarios y dejar de ser simplemente un escaparate de curriculums.
Twitter: Para mi gusto, la más interesante en este momento. Pues estar en contacto o seguir los comentarios de cualquier persona referente en tu campo de trabajo. En mi caso es interesante para estar al tanto de novedades tecnológicas (C# 5, Azure, Visual Studio) o seguir a gente como Scott Hansellman, Carlos Ble, Iñaki Elcoro, Scott Gu…
Por cierto, Consultec está en Twitter vía: @ConsultecSL
Yammer: La red social interna de la empresa. Perfecta para la comunicación intradepartamental e interdepartamental.
Facebook/Tuenti: Para el final dejo las más extendidas y conocidas en el ámbito personal. Son de uso mucho más personal que profesional y por lo tanto no las considero muy interesantes para este uso en el trabajo.
Gorka Armentia López





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