Blog de Consultec

Pocas son las organizaciones que no han puesto en marcha un departamento, un área, una unidad, un comité o, incluso, una persona, al mando de su I+D+I. Más allá de creer que no es oro todo lo que reluce, y que crear esta responsabilidad en la empresa no siempre garantiza que se esté innovando, sí me parece necesario lanzar alguna cuestión crítica al respecto.

Cuando un proyecto empresarial se lanza al mercado busca, entre otros y de partida, aportar un valor diferencial que le permita obtener el posicionamiento deseado entre su target. Sea, o no, un producto, un servicio, una solución… de carácter innovador, muchas son las expectativas que se depositan en ese momento en que se salta al vacío. Un momento inolvidable tanto si los resultados son los planificados como si éstos se ven truncados a la baja.

El tiempo transcurre, y el proyecto va consolidándose e incrementando la cuenta de resultados, pero este crecimiento también se da en la competencia. Si no se ha hecho antes (o por lo menos se ha previsto), parece que ha llegado el momento de volver a buscar un diferenciador que le vuelva a su sitio.

Seguramente esta breve historieta (a la que, evidentemente, le falta algún que otro ingrediente) no nos es lejana y, en algunos casos, ha sido la motivadora de crear esa responsabilidad de I+D+I en la empresa, para la cual es probable que el objetivo a fijar no esté del todo claro: ¿se innovará para competir o se innovará para sobrevivir?

Como reza aquella popular frase: ¿fue antes el huevo o la gallina?

Eduardo Céspedes

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