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Cuando la única herramienta que se posee es un martillo, cada problema empieza a parecerse a un clavo y es aquí donde entra en juego el concepto de los patrones, patrones que frenan nuestra creatividad y por consecuencia la innovación.

Haciendo referencia al concepto de economía mental, la mente piensa para no pensar más, el cerebro va creando patrones para solucionar problemas, sin mirar más allá, sin pensar en nuevas alternativas u opciones. Tendemos  a afrontar los problemas, a realizar las tareas, a organizarnos, a gestionar,… basándonos en experiencias anteriores, porque siempre lo hemos hecho así, hemos ido creando  patrones a través de los cuales nos guiamos,  sin cuestionar si existe otra forma de realizarlo.

De esta manera limitamos los pensamientos y la generación de nuevas ideas poniendo freno a la innovación, nos adormecemos en algo que ya tenemos asimilado.

Subirnos a la rueda de la innovación implica ir más allá, buscar nuevas alternativas,  nuevas maneras para gestionar nuestros procesos, formas de mejorar nuestro producto o servicio, nuevos formatos hasta ahora no utilizados…, por ello es vital romper  con esta rutina cerebral y comenzar a ejercitar nuestra mente.

En este sentido, sólo es posible avanzar cuando se dejan a un lado estos patrones y se mira desde otra perspectiva, a otro horizonte. Tal y como Henry Ford, fundador de Ford  Motor Company y creador de  las cadenas de producción en masa, transmitía “Si hubiera preguntado a la gente que quería hubieran dicho un caballo más rápido” por lo que nunca hubiera llegado a desarrollar el Ford T que revolucionó el sector del transporte e industria.

En cualquier caso, no es un camino fácil, debemos tener presente que la innovación tiene un 10% de inspiración, y un 90% de esfuerzo y por ello requiere  una actitud que favorezca  este tránsito,  para ello  es fundamental la implicación de la organización y todas sus personas, sensibilizar sobre la importancia de mirar hacia adelante  y generar una cultura que sea la base del proceso.

Por ello, deberemos entender la innovación como parte del ADN de la empresa, como una inversión a largo plazo, que debemos trabajar de forma sistemática y que requiere de una organización, planificación y asignación de recursos.

Se trata de una oportunidad y no de una amenaza, en este sentido, la innovación distingue al líder de sus competidores y es por ello por lo que  nuestro objetivo debe ser guiar a la empresa a ser su propia competidora en lo que a innovación se refiere,  la organización debe buscar que sus productos, servicios, procesos… se vuelvan obsoletos con sus propios desarrollos y no con los de la competencia.

Itziar Ruíz Mendiola

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