Cuando de pequeños aprendíamos a montar en bicicleta, y ahora de mayores enseñamos a nuestros hijos, sobrinos… a manejarlas, siempre se insistía en la necesidad de no dejar de pedalear para no caerse. El movimiento permite mantener el equilibrio y seguir hacia adelante. Pararse es sinónimo de caída segura.
Los autores Davila, M. Epstein y R. Sheltondel de libro Making Innovation Work (Poner a trabajar a la innovacion, 22 de julio de 2005) aportan otro punto de vista a la afirmación que algunos directivos exponen a sus empleados tan ambiciosamente y como requerimiento en su labor diaria: “Tenemos que innovar o no tendremos futuro en este sector”. Algunos extractos de interés para su reflexión son los siguientes:
(…)“Para una empresa, es posible obtener buenos resultados durante periodos de tiempo relativamente largos limitándose a efectuar pequeñas variaciones, es decir, evolucionando. Pero para mantenerse en primera línea, se verá obligada a innovar. Para innovar, no basta con elaborar una estrategia: hay que generar las innovaciones y hacer que se implanten a lo largo y ancho de la organización. Una regla esencial del juego de la innovación es definir claramente cómo participará una empresa en el mismo”.
(…)“Si se corren los riesgos equivocados o se sigue la estrategia errónea, se puede innovar y morir. De hecho, cuando una empresa se aferra al innovar o morir, existe el peligro de que surja tal cantidad de ideas innovadoras que se vuelva imposible distinguir cuáles merecen la pena. De ahí que para innovar haya que definir nítidamente una estrategia que se ajuste a la situación empresarial del momento”.
(…)“Existen dos tipos de estrategias de innovación: jugar a ganar y jugar a no perder. Con el tiempo habrá que realizar ciertos ajustes a la estrategia de innovación elegida. La selección de la más adecuada depende de una combinación de factores internos y externos. Entre los internos se encuentran las capacidades técnicas y organizativas, el éxito del actual modelo empresarial, la situación económica y la visión de la dirección; mientras que entre los externos están la estructura del sector, la influencia de la empresa en la red externa, la competencia y la tasa de avance tecnológico. Para mejorar y actualizar la estrategia de innovación de una empresa hay que tener en cuenta todos estos elementos. No obstante, no existe la fórmula para conseguir resultados óptimos, ya que incluso en un mismo entorno competitivo, cada empresa es única y lo que para una es un riesgo para otra puede suponer una oportunidad”.
El entorno parece impulsarnos a innovar como algo vital para mantener y desarrollar el negocio y, sin embargo, por otro lado se nos obliga a hacer un replanteamiento de dicha innovación a la hora de focalizar los riesgos organizativos y de mercado (entre otros) que ello puede tener. ¿Cómo actuar entonces? Evidentemente no existe una “receta mágica”.
Cada empresa deberá por tanto determinar el espacio que ocupa la innovación en su estrategia y la forma en que ambas se enlazan (así como el Plan de acción para el caso de que lo planificado no vaya según lo previsto…), cómo ésto encaja en su mercado objetivo, y cómo se materializa todo ello en las políticas operativas correspondientes y desde un punto de vista sostenido y sostenible.
Ahora, en cada uno recae la decisión: ¿Qué estrategia se ha de seguir?
Maite Eguia





1 Comentario para el post
Juan Garcia Lanas
febrero 14th, 2012Leo estos artículos sobre la innovación , la palabra de moda, no se escribe nada en lo que no aparezca el I+D+I e incluso hay otros que le han añadido la F de flexibilidad, en resumen, palabras y textos grandilocuentes ,como en su día era el termino Sinergias, pero vacías de contenido.
El I+D+I no es mas que un termino propagandístico y vaciado de contenido porque una lleva inherente la otra, nada se puede desarrollar sin innovar y que es desarrollar, el método cientifico, ensayo error ensayo error… hasta que pluf generas un nuevo producto eso si ahora a todo esto se le llama innovación, nada nuevo tal vez de la misma edad que la rueda.
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